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Walter Bordoni nació el 19 de julio de 1962 en la ciudad de Montevideo-Uruguay. Allí, más precisamente en el barrio del Cordón, vivió sus años de niñez y adolescencia en el marco de una típica familia de clase media. La televisión, con su inalcanzable mundo en blanco y negro, era el aparato favorito de la época y la radio en aquel entonces era para él nada más que un artefacto con ruido a lata donde su madre escuchaba a Gardel, Troilo, Julio Sosa y otros sonidos igualmente torturadores. A los cinco años de edad, al tiempo que daba sus primeros pasos en la escuela primaria, comenzó a recibir clases de piano. Mano dura y disciplina eran la consigna para que el párvulo tocara decentemente piezas de Mozart, Listz y otros clásicos.

Walter recuerda un par de anécdotas de esa época que marcan de algún modo sus primeros choques con lo establecido. Por un lado, y en algún descuido de quienes le seleccionaban rigurosamente su repertorio, un día cualquiera de 1971 pasó por sus manos y su mirada una obra de Bela Bartok que definitivamente le partió la cabeza (más allá que obviamente no tenía idea de quién era ese loco compositor húngaro). Las viejas profesoras explicaban: " a los jóvenes les gustan esas raras obras modernas ".

El otro hecho que quizá marca alguna clave de lo que sería el futuro compositor es que Bordoni robaba todo el tiempo que podía al estudio de las obras dedicándolo a "inventar" melodías o a sacar "de oído" algunos temas que componían la banda sonora de la gloriosa troupe de Martín Karadagian: Los Titanes en el Ring. A los doce años rompe con la enseñanza musical y, paralelamente, descubre a los ya disueltos Beatles pasándose meses junto a la radio escuchando sus temas con devoción de ermitaño. Un tiempo después, abriendo un poco más la oreja, comienza a escuchar a los grupos fundamentales del rock de principios de los 70: Jethro Tull, Génesis, Pink Floyd, Led Zeppelin, etc.

De esta época proviene otra situación que Walter recuerda especialmente. Todos los días a las 13.30 hs sintonizaba una audición de " música progresiva " (el eterno Meridiano Juvenil que aún hoy se emite por ondas del Sodre). Una vez encendió la radio unos cuatro o cinco minutos antes, razón por la cual se tuvo que bancar el final del programa de tango que se estaba emitiendo. Lo grave es que el tema que escuchó fue "Lo que vendrá" de Astor Piazzola. Y lo más grave es que esa música lo mató. Por supuesto que ese fue un dato que mantuvo en estricto secreto (su barra de amigos rockeros probablemente lo hubiera expulsado de la logia). Pero esos compases marcarían su vida para siempre.

 

Con ese fermento a cuestas y sin definir todavía cual era su instrumento principal (había comenzado a tocar guitarra en forma autodidacta a los 15 años), Bordoni se vuelca de lleno a la faz creativa. Escribió un centenar de poemas impresentables y ocho o diez cuentos que no eran nada del otro mundo aunque tampoco estaban tan mal. Pero estos primerizos intentos literarios le fueron dando una ductilidad a nivel de lenguaje que aprovecharía luego al comenzar a escribir sus primeras canciones. Con cuatro de ellas, se presentó en 1987 al 5to.Festival de la Canción de La Paz donde fue premiado dentro del rubro solista y un tema suyo ("Apuesta") fue elegido por el jurado como mejor canción inédita. Integrado a partir de allí al Taller de Músicos El Sótano, participó con ese inquieto núcleo de artistas jóvenes en múltiples recitales. En 1990 recibe una mención especial en el 1er. Certamen Municipal de Producción Musical Inédita convocado por la Intendencia de Montevideo.
Vendrían luego casi dos décadas de actuaciones ininterrumpidas en diversos teatros de la capital y el interior (Teatro Solís ,El Galpón, Stella, Notariado, Sala Zitarrosa, Florencio Sánchez de Paysandú, etc ), un lugar entre los diez finalistas del 1er Certamen de Tango Uruguayo para el Siglo XXI (donde Bordoni cantó su tema Música de bandoneón acompañado por la Orquesta Filarmónica de Montevideo bajo la dirección del maestro Federico García Vigil), ser uno de los nominados en la categoría Mejor Solista del año 2002 dentro del Primer Certamen del Rock Uruguayo, Premios Graffiti y cuatro discos: EL GOL DE LA VALIJA Y OTROS CUENTOS de 1991, su primer fonograma aún en la etapa del disco de vinilo (¡¡ah, aquellas queridas lunas negras!!) FLOR NUEVA DE PELICULAS VIEJAS de 1994 (en este caso en disco compacto), AGUAFUERTES MONTEVIDEANAS (compacto compartido con Gastón Rodríguez) de 1997 y su vuelta al ruedo solista con BARRIO VIRTUAL en el 2002. En este trabajo fue acompañado por algunos de los más prestigiosos instrumentistas del medio (Guzmán Peralta, Fernando Goicoechea, Popo Romano, Luis Jorge Martínez, Sergio Tulbovitz, Gastón Rodríguez, Lobo Núñez, Foqué Gómez y Noé Nuñez) y, como una suerte de sueño del pibe, incluye una vieja balada inédita hasta ahora donde Walter toca el piano, el ya mítico Hugo Fattoruso toca el acordeón y canta su maestro de todas la horas Gastón Ciarlo “Dino”.

En 2006 edita ALTER, su quinto trabajo como solista (editado igual que los anteriores por el sello AYUÍ). ALTER es un álbum en vivo, acústico e intimista, donde incluye canciones de sus trabajos anteriores, tres temas inéditos (entre ellos su primer coautoría con Eduardo Darnauchans) y una serie de pequeños relatos que entre canción y canción van hilando un vigrante y emotivo ejercicio de la memoria personal y colectiva. Una vez más estuvo Guzmán Peralta (guitarrista-escudero de Walter desde los comientoz) y como invitados especiales figuran nada más y nada menos que Darío Iglesias, Gastón Rodríguez, Alejandro Ferradás, Tabaré Rivero y Dino.

Finalmente, en 2007 Walter logra concretar un viejo proyecto para que el que venía trabajando hace unos tres años: LOS KAFKARUDOS, banda paralela integrada por Dino, Tabaré Rivero y Alejandro Ferradás (más Eduardo Darnauchans, quinto miembro fundador del grupo) editan el disco VOLUMEN II para el sello BIZARRO RECORDS. Las canciones que integran el inusual álbum fueron compuestas especialmente para la ocasión entre los cinco artistas. Además de los nombrados participan Shyra Panzardo en bajo, Leonardo Baroncini en batería, Ernesto Palmera en violín y Macunaíma leyendo alguno de sus poemas.

 

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Walter Bordoni reconoce diversas influencias en su producción artística. Los Beatles, Bob Dylan, Leonard Cohen, Tom Waits, Lou Reed, Neil Young, Joni Mitchell o Suzanne Vega del lado gringo, el tango contemporáneo de Piazzolla y los discos de sus compatriotas Dino, Fernando Cabrera, Jorge Galemire y Darnauchans. Pero en su visión confluyen y se entrecruzan influencias de otras disciplinas . Así pueden rastrease en su obra los efectos de la narrativa del uruguayo Juan Carlos Onetti o el argentino Roberto Arlt (de quien retoma esa casi obsesión de rescatar el lenguaje del barrio) y de las películas de norteamericanos críticos como John Cassavettes y Jim Jarmush o el maestro español Luis Buñuel. Es que para Bordoni música, cine y literatura son una misma pasión. Pasión a la que habría que agregar, como un capitulo aparte, el fútbol.

En diálogo con el periodista Aldo Silva se definió a sí mismo: "soy un rara avis. Todos los músicos aman tocar en vivo y estar todo el tiempo posible arriba de un escenario. En cambio para mí , sin desdeñar los conciertos, lo más atractivo es el trabajo en los estudios de grabación. Prefiero tocar poco en vivo pero ofrecer siempre cosas nuevas cada vez que lo hago." Y ante la pregunta de si se imaginaba el futuro sin hacer música responde: "No sé. ¿Por qué no? De pronto llega un momento en que nadie compra mis discos o paga la entrada para verme en vivo. En todo caso, no puedo imaginarme sin hacer nada en el terreno creativo. Hace años que tengo proyectos para escribir un libro de cuentos o una novela y hasta ahora no he tenido el tiempo necesario. Quizá en ese futuro hipotético pueda hacerlo, no?"

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En la actualidad Walter Bordoni vive con un pie en Montevideo y otro en Toledo junto a su actual pareja y su hija Lucía. En los estrictamente artístico espera que estos años por venir lo encuentren junto a nuevos y viejos compañeros de ruta, siempre soñando nuevos libros, nuevos discos, nuevas canciones. Y que los eunucos bufen.
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