MADRUGADA FILIPINA
Anestesia donde está
Si se puede preguntar
Aquel sitio del olvido
Del amparo y la piedad.
Madrugada filipina
Como hebra albina bajo el sol
Arrastrada por los vientos
Tristes vientos de la inundación
Y mañana quién encontrará
Por los pretiles cargados de verdín
En el tiempo detenido
Inocencia que perdí.
De la luz de una ventana
Vuela lento un violín azul
En un vals encanecido
Entre el deseo y la virtud
El silencio aterido
Ha ocupado el aire del andén
Donde nadie espera a nadie
Ni yo mismo, mi muchacho aquel
Y mañana quien encontrará
Entre huellas que la tierra atesoró
Un reflejo blanquecino
De garganta sin canción
En la luna del espejo
Veo a mi sombra preguntar
Aquel sitio del olvido
Anestesia donde está.
LA PARCA
Juro que toda mi vida me costó levantarme temprano de mañana. Recuerdo que, ya adolescente, comencé a ir al liceo en el turno matutino. Y pese a que el IAVA quedaba a solo dos cuadras de mi casa casi todos los días llegaba tarde. Desde entonces mi viejo utilizaba todo tipo de artimañas para que yo me despertara, artimañas que en su gran mayoría resultaban inútiles. Por más que me toqueteara la trucha con manos de agua helada, por más que subiera el volumen del insoportable informativo de la 20 no había caso.
Pero un día pensé, equivocadamente, que su torpe ingenio había llegado al límite. Yo ya no estudiaba y todavía hoy me pregunto que cosa de importancia podía requerir que yo me levantara a las 8 de la matina. Lo que recuerdo es que repitió su argumento dos, tres, ocho veces, ya era el colmo. Hasta que volvió a decir pero con otro tono, más real y convincente: “ es en serio, es en serio, un tipo mató a balazos a John Lennon en la puerta del hotel donde vivía”.
Desde aquella mañana la muerte dejó de ser para mi algo asociado a alguna vieja del barrio o algún viejo de la familia o esos rectangulitos en el diario que decían QEPD. Probablemente aquella mañana comencé en un camino sin retorno a envejecer.
DESPEDIDAS
I read the news today oh boy
about a lucky man who made the grade
Como una promesa vana
por entre el aire engañoso
un paisaje verdinoso
a través de la ventana.
Una canción volándose
colgada de la brisa
como mariposa gris
robada por la luz.
Su sonrisa en la mañana
ya es un color destemplado
un recuerdo congelado
con quietudes de campana.
Una mujer marchándose
dejando anclado su perfume
en la cuchara del café
sin revolver.
Su mirada en el espejo
una lágrima tardía
la pieza casi vacía
añorando sus reflejos.
Una canción y una mujer
un dibujo partido en dos
en lento vals perdiéndose
tras el cristal.
I read the news today oh boy
COMARCA OTARIA
Andan diciendo que estás herida de gravedad
baten que no existís, que el tiempo te ha dejado atrás
pobre aldea que renguea a los tumbos
por un mundo que no deja ni un baldío sin colonizar
Andan mintiendo que no hay quien te quiera ya pisar
van sugiriendo que no hay quien sepa ni donde estás
con la mira puesta en tus malditos arrabales
animales sin domar
Pero que saben los giles
de tu mar y tus estrellas
de tus novias, tus viejas
y esa canción que eriza la piel
y el corazón de esa tu gente
ni mejor ni peor pero diferente
ese antiguo misterio
que respira por acá
Dice la tele que vivís quedando en orsay
que te golea cualquier cuadro de cualquier lugar
que estás jugando el repechaje de los nabos
atrasados que no entienden el verbo globalizar
No te registra el mapamundi de los one
sos la comarca más otaria mi Uruguay
mi vieja Montevideo, barrio reo
ya oigo el pitazo final.
Pero que saben los giles
de tu mar y tus estrellas
de tus novias, tus viejas
y esa canción que eriza la piel
y el corazón de esa tu gente
ni mejor ni peor pero diferente
ese antiguo misterio
que está vivo por acá.
Andan diciendo que estás herida de gravedad
baten que no existís, que el tiempo te ha dejado atrás
mi vieja Montevideo
mi Uruguay mi barrio reo
sabés que yo solo espero
poder verte una vez más
PANTALLAS DIVINAS
Ah, no, no. Los sábados nada de bailes, nada de sacudirse y agitar los brazos como el choto de Travolta esperando una vida que llegue la hora de las lentas. Lo mejor es ir al cine, un buen trasnoche, tomar algo a la salida (si queda algún boliche abierto a esa hora) y si zafo de la razzia a la cama. Solo se trata de encontrar la sala y la película adecuadas. Aunque en general siempre son las mismas, pasan los años y siempre son las mismas: el Miami o el Liberty, Woodstock, Fantasma en el paraíso, Tommy o La naranja mecánica (bueno, eventualmente la audaz y masturbante Emanuelle). Algunas las vi cuatro o cinco veces. Pero no me importa. Son “mis” películas y puedo volver a verlas cuando quiera y por siempre. El otro día salí como de costumbre buscando una de ellas. Saqué la entrada e ingresé a sala con el film ya empezado. El programa aparentemente había sido cambiado. Recortado en la pantalla un personaje que no era Hendrix aullando Purple Haze ni Roger Daltrey revoleando el micrófono con sus Who ni siquiera Carlitos Santana, acá había un personaje extraño y diferente gritando, a irmana conto su bendición, a irmana aquí tenía cancer de estómago. . . .y ahora, ahora foi sanada. Y por quien, quien te sanó hermana. Jesús, Jesús, Gloria. Gloria a Dios. Dios es el único doctor, el único que cura. ALELLUYAHHHH. Salí corriendo de la sala y enfilé para la boletería a reclamar mi dinero o al menos un vale para la semana entrante (me dijo un guacho del barrio que van a dar La Canción es la misma de Led Zeppelín). Por lo que recuerdo apenas tuve tiempo y piernas para huír raudamente dejando atrás la gritería de los beatos que agitaban sus biblias sobre mi abrumada cabeza.
LA CANCIÓN DE LOS LEPROSOS
Somos individuos medio extraños
Y deambulamos por los bares del lugar
Cantando nuestras tristes tristesías
Miserías que nadie quiere escuchar.
Somos los convidados de piedra
Nuestras baladas van penando por el dial
Tamos por fuera del ranking de los piolas
Que acaparan la cadena nacional.
Y en los pubs que quieren cosas para arriba
Nos escupen nuestras cuartetas de amor
Cotiza en baja la melancolía
Virus del sida en la era del color
Y si sacamos a luz nuestra anglofilia
Y rascamos algún pobre rocanrrol
Nos delata el made de nuestras biromes
Bichicomes de esta tierra del señor.
Somos tipos muy cabezadura
E insistimos en orgullosa soledad
En hacer discos que encierren la violencia
De la piña que enseñó Roberto Arlt.
Somos los fantasmas de la imagen
En la tele los días que hay ventarrón
Cuando podemos pinchamos la buena onda
Metiendo ruido en el discurso del campeón.
Ante todo y con perdón de los payasos
Nuestra carpa en este circo está de más
Aunque en derrota somos tercos insurrectos
Frente al tirano de la mediocridad.
Somos vasallos de la corte de Juan Carlos
San Onetti fundador de este rincón
Vamos silbando la canción de los leprosos
Piojosos peleando por el gol del honor.
LA EXCURSIÓN
Casi seis horas de viaje
Un micro barato
Cuarenta mujeres y bolsos.
A través del vidrio sucio
Pueblos soñolientos
Desiertos van muriendo atrás.
Hay que pasar la frontera
La clínica queda a unas cuadras.
Hay que estar a las ocho
Hacer cola en la puerta
Aún cerrada.
La mañana va llenando
La sala de espera y esperan
Sin protestar.
Pocas conversan acaso
Un código tácito
De lo que no hay que nombrar.
En el bolsillo dormita
El papel rosado, arrugado
Del grávido test
En un rincón parpadeando, mordiendo,
Aguantando las ganas
De escapar.
En un sofá gastado
Cuando ya pasó todo brevemente
Descansar.
Si no hay complicaciones
Comprar algo en la tienda
Para abaratar,
Para disimular.
Casi seis horas de viaje de vuelta a casa
Cuarenta caminos de soledad
Una excursión sin palmeras ni playas doradas
Cuarenta canciones
Sin final.
HERNÁNDEZ Y EL ÁNGEL
Había una vez una plaza con una esquina con un bar con mesas de desierto mármol blanco. Desde sus ventanas mi sombra jura haberlos visto irse callados Cuareim abajo, un día frío e impreciso de hace quién sabe cuánto.
Hernández bostezaba bosquejando el tedio del viernes
Mármol frío en los codos fríos del café
Tartamudo el Ángel se arrima y le dice gordo
Ando sin remedios no tendrías un vintén.
Y Hernández la verdad que hoy no puedo
Soy solo un vende-medias por el interior
Y el Ángel pasa nada, igual me siento un rato
Fijate este acorde.
Hace como tres meses que lo vengo junando
Suena a un Tom Jobim de una otra dimensión
Me lo afané anoche, nadie estaba vichando
Lo tengo bien escondido allá en la pensión.
Y Hernández la verdad que es muy raro
Creo haberlo probado en mis matinés
Sumido en algún sueño que sueño hace años
Una casa inundada.
Afuera la plaza
Apolaba el destierro
La gente y las casas
Trancadas por dentro.
Afuera un botija
Son dié cande un peso
Se quedó mirando
Una niña, unos ojos
Que lo miran de un letrero.
Y el Ángel oíme gordo tengo un pique posta
Del tiempo la máquina un blues me sopló
Sobre un balcón que por celos se hace pomada
Hermoso suicida roto en el cordón.
Y Hernández la verdad que me agrada
Ahora es tarde y ya me tendría que ir
Pero yo escribo algo y lo vemos mañana
Si mañana hay mañana.
Y alrededor no hay nadie en el blanco boliche
Felisberto amaga sin a quién a pagar
Mateo tira el pucho y va abriendo la persiana
Un cartel de remate cercaba el lugar.
Hernández y el Ángel esconden las alas
La luna en la cara saliendo del bar
Cruzaban la raya los dos insurrectos
Se hacía la idiota
La idiota ciudad.
CON EL UNO Y EN EL ARCO
El sueño de crecer y atajar en el estadio. Mis familias materna y paterna me tironeaban para ver si salía bueno, claro, desde el punto de vista respectivo de cada una. “Pero no seas pastelero, decidite: ¿de Peñarol o de Nacional?” Mis 8 años andaban a los barquinazos entre ambas veredas. Y la vieja Spika atrincherada detrás de su forro de cuero marroncito también polarizaba las opiniones en un fatal blanco o negro: la barra se preguntaba: ¿Solé o Heber Pinto?, ¿Spencer o Artime? , y sobre todo para mí que me empeñaba en ser golero ¿Manga o Mazurkiewicz? . Con el paso del tiempo opté por el más grande, y que me disculpe el meta pernanbucano que vuela y atrapa y se hace un ovillo. No puede haber dudas, con el 1 y en el arco el gran Ladislao, aquella paloma negra que siempre lograba detener el balón y el tiempo suspendido mágicamente en el aire. Claro, elegir un referente, así sea el mejor del mundo (y el chiquito probablemente lo era) no garantiza ningún éxito. Mi carrera deportiva no prosperó, supongo que por la aparición de la miopía o por no haber pasado el metro sesenta y poco o andá a saber que otra cosa. Años después yo miraba con indisimulada ansiedad que pasaba con mi hijo Santiago que, antes de haber cumplido los cinco años, insistió en ponerse el buzo y los guantes y bancar el ataque rival una tarde de lluvia en la canchita que está frente al cementerio del Buceo. Digamos que por un rato me convertí en otro viejo nabo que espera que los hijos pasen por arriba de las frustraciones paternas. Digamos también que ese día el Santi se atajó todo.
COMO UN RECUERDO
Usted hablaba en la cocina
De aquellas comparsas, el triunfo del 30
Casi un secreto al calor del primus
Viejos ideales, Domingo Arena.
Se había comprado una casita
Mil sacrificios, fueron quince años
Corriendo la liebre cuota por cuota
Pero no importa, “el techo es lo primero”.
Tu me contabas armando un cigarro
Historias del dique allá por el nueve
Un casi niño desafiando el agua
Hay que hacerse hombre chapoteando el miedo
Tu me explicabas frente a la Spika
De Mazurkiewicz, extraña paloma
Yo y mis diez años pendientes del juego
Soñando la gloria en el potrero.
Vos siempre cerca de los amigos
Entre dos cañas el casín del Flecha
Atento a las señas, el dos de la muestra
Siempre lo mismo, no te calientes.
Los años rodaban con paso cansino
De reumatismo tus ochenta y pico
Como un recuerdo, vos siempre entero
La vida adentro de tu silencio.
Yo y mi tristeza, veintitrés de setiembre
Tu y tu velorio lleno de gente.
THE END
En este cine que cerró
Duermen los restos de mi ayer
Pedazos de un monopatín
La calle Jackson sin mis pies
La foto del cuadro campeón
Un trolley a Playa Malvín
Las botas del 72
Mis viejos discos que perdí.
En este cine que cerró
Están tu cara en el café
Mi rostro en plan de seductor
Un gil sin nada que ofrecer
Tus ojos dándome calor
La rambla escuchando que sí
El beso del primer amor
La vergüenza de ser feliz.
En este cine que cerró
Quedan promesas sin cumplir
El árbol que nunca planté
Y el miedo al garrón de morir.
Antes de entrar al callejón
No estaría de más admitir
Que aunque tu nombre aquí no esté
Yo solo canto para ti.
Hasta que un día el zurdo diga
THE END.
"Otra vez la palabra muerte, sin que sea necesario escribirla. Hay en esta ciudad un cementerio marino más hermoso que el poema. Y hay, o había, o hubo allí, entre verdores y el agua, una tumba en cuya lápida se grabó el apellido de mi familia. Luego, en algún día repugnante del mes de agosto, lluvia, frío y viento, iré a ocuparla con no se qué vecinos. La losa no protege totalmente de la lluvia. Y además, como ya fue escrito, lloverá siempre."
"Es medianoche, el cabaret despierta / muchas mujeres, flores y champagne. / Va a comenzar la eterna y triste fiesta / de los que viven al ritmo de un gotán. / Cuarenta años de vida me encadenan / blanca la testa, viejo el corazón. / Hoy puedo contemplar con mucha pena . . . . . . "
VERGÜENZA
Yo tendría trece o catorce años y todos los días que podía esperaba que llegaran las 13.30 para prender la radio y sintonizar Meridiano Juvenil. Nervioso, esperaba escuchar los golpes de la batería de Ian Paice en el tema Never before de los Deep Purple abriéndole paso a la voz del Deco Núñez. Así comenzaba la misa y en ese templo aprendí a conocer a grupos y solistas que además de darme buena música me ayudaban a hacerme distinto de los demás (por entonces me encantaba la cara de asombro de mucha gente cuando le decía: yo escucho “música progresiva”). De mi veneración por los Beatles de unos pocos meses atrás salté directamente a Pink Floyd, Génesis, Led Zeppelin, Jethro Tull y otros nombres que hoy poca gente recuerda (¿alguien se acuerda de Triumvirat o de los italianos Premiata Forneria Marconi?).
Pero un día sucedió lo que nunca debió haber sucedido. Ansioso como soy, una jornada negra e inolvidable prendí el receptor un rato antes, serían la una y cuarto, una y veinte a reventar. El tiempo justo para que enganchara el final de un programa de tango que había en el Sodre en el horario anterior a Meridiano. Cuando iba a apagar la radio o aprovechar para ir a lavarme los dientes algo me lo impidió. Una fuerza mágica venía de aquel parlante, un anormal (que por otra parte y obviamente no era Clapton) tocaba un bandoneón como yo nunca había oído ni sospechado que fuera posible. Me mató, me mató. Al final del tema el locutor dijo “escuchábamos en el final de Hoy en dos por cuatro al quinteto de Astor Piazzolla interpretando Lo que vendrá”. Aquel día algo cambió porque yo me di cuenta que esa música me iba a perseguir para siempre. Qué vergüenza, la puta madre, ¿como voy a decírselo a mis amigos?.
INTRAVENOSO
Sudando frío en el sillón del peluquero
Mensual suplicio de mis días de escolar
Sonreían a ambos lados del espejo
Carlos Gardel y el nueve de Nacional.
El asesino iba afilando su navaja
Clarín tocaba melodía de arrabal
Y de allá arriba me miraba fijo el mago
Como diciendo pibe bancatelá.
Y llegaba Troilo adormilado en la garúa
Chispeando mansa por este lado del sur
Mientras soñando andá a saber en qué Varsovia
Goyeneche escabiaba a mi salud
Y pa’ que prendiera del todo la vacuna
Se armaba duelo criollo entre el feo y el varón
Que acuchillándose con cien milongas tristes
Entristecían mi niño corazón.
Perfeccionando técnicas de arrimadita
Acuclillado en un patio del cordón
Mi vieja llamaba está la comida
El barrio se escondía detrás de un vitró.
Roncaba Radio Artigas sobre la repisa
Su ruido a lata dominando el comedor
Yo hundía la ñata en los tallarines
Clamándole a Mandrake salvación.
Y en la serena sobremesa del domingo
Homero y Mastra compartían el café
Discepolín refunfuñaba contra el mundo
Cadícamo vibraba con Solé.
Y así y así por vía intravenosa
Me fueron enchufando un raro metejón
Un universo que se afincó de callado
En mi porfiado costado de soñador.
EL BLUES DEL EXITOSO
Tener una carrera exitosa
Y dos posgrados en el extranjero
Tener esposa y casa con piscina
Y una amante que no venga con problemas
Llegar a ser un team leader
Tener dos o tres cosas que nadie pueda tener salvo yo.
Tener cinco hijos y un chofer negro
Que los lleve a un buen colegio privado
Tener una mansión en Punta del Este
Organizar terrible fiesta todo el año
Convencer a mi dealer
Que me consiga algo que nadie pueda tomar salvo yo.
Tener un infarto a los cuarenta
Internarme en una clínica en Nueva York
Tener en un cementerio privado
Una parcela con buena ubicación
Ir a transar con el diablo
Comprar mi propia muerte para que todo el mundo muera salvo yo.
TODO EL MUNDO
Viernes de mañana y me puse a pensar
Muy seriamente ratearme a la escuela
Mi vieja apurate y venite a bañar
Hoy llevá campera que después va a refrescar
Apagá esa tele y sentate a almorzar
Y al final
Qué va a hacer
Pateando manso por Guayabo claudiqué.
La maestra grita se pueden callar
Hoy no hay recreo porque el patio es llueve
La profe de canto desafina un viejo vals
Un botija llora, lo quisieron tapar
Dos niñas se escupen, las dos gustan del Fabián
Y al final
Nos salvó
La campana de las cinco que sonó.
Todo el mundo en este mundo anda chiflado
Menos los locos, los gatos y yo
Y mientras los grandes discuten por pavadas
Yo me encierro en mi cuarto con Curly, Larry y Moe.
Todo el mundo en este mundo anda a las piñas
Menos los locos, los ciegos y yo
Y mientras lo grandes destruyen mi futuro
Yo corto pa’ la salida con Curly, Larry y Moe.
Viernes de noche y volví a pensar
Muy seriamente en rajarme de casa
Mi viejo, una bici, pero vos qué te creés
Los reyes están pobres y nosotros también
Además es peligrosa, te lo digo por tu bien
Y al final,
Acá estoy
En penitencia, solo y sin televisión.
Todo el mundo en este mundo anda mintiendo
Menos los locos, los borrachos y yo
Y mientras los grandes escuchan al presidente
Yo les creo todo a Curly, Larry y Moe.
Todo el mundo en este mundo anda chiflado
Menos los locos, los más locos y yo
Y mientras los grandes me hacen la vida imposible
Yo me quedé en mi cuarto con Curly, Larry y Moe.
PREGUNTARÍA II
Preguntaría: ese tipo que sigue acá parado contando sus tristes tristesías y sus pequeñas grandes contenturas, ¿por qué se interesa tanto en ese acorde extraño, ese verso perfecto que nunca llega, esa melodía que nunca termina de atrapar?. ¿Y esas historias, esas historias que, ni bien se las mira, parece que no sirven para nada?. ¿De donde sale esa fuerza que testarudamente le empuja la mano y le sostiene la cabeza para no dejar de escribirlas?.
Desnorteado y aburrido anda por ahí el pobre guacho, buscando el sentido de la vida, el goce efímero o el gol sobre la hora, en fin, algo que evite el definitivo descenso. Descubriendo las claves o al menos creyendo estar descubriéndolas, le pasa lo que a todos y se va haciendo viejo casi sin darse cuenta. Y escupiendo pa arriba porque la muerte es cosa que siempre le pasa a otros. Acaso el último capricho es que, si no sobrevive cuando la parca aparezca en el manuscrito, el pitazo final lo encuentre ya vencido pero, pese a todo, con los botines puestos.
A CONTRAMANO
Había una vez un pobre guacho que era yo
En un país que tal vez ni haya existido
Me quemaba el uniforme de botón
Mi pelo al viento andaba al borde del suicidio.
Yo hubiera querido ser like a rolling stone
Pero me tuve que fumar a un tal Travolta
Más a pesar de todo pudo ser peor
Pensaba soñando en el Hotel California.
Para ser bien sincero el rumbo de la nación
En esos tristes años me importaba un bledo
Yo era un rockero sin lugar ni vocación
Con berretines de puntero izquierdo.
Para ellos yo era un comunista subversivo
Que socavaba las bases del proceso
Y todo el mundo era el enemigo
Malditos rojos aliados del infierno.
Pasó el invierno, llegó la democracia
Todos tenían un pasado socialista
El país vivía su fiesta inolvidable
Todos llevaban al Che Guevara en la camisa
Todos habían sido amigos de Mateo
Todo era rocanrrol y rebeldía
Todos cambiaban el mate por un porro
Y archivaban el buzo con las llamitas
Con viento en contra y fama de ermitaño
Yo oía tangos a la hora de la siesta
Me fui volviendo cada vez más desconfiado
Y eso me hizo acertar más de la cuenta
Anduve por ahí, desnorteado y aburrido
A contramano por las calles de la aldea
Juntando cosas que no sirven para nada
Para llevarme a la final isla desierta.
Hoy sigo siendo el mismo soñador de pacotilla
Siempre peleado con este mundo de enfermos
Tengo tres hijos que me escuchan con cariño
Aunque ya estén pensando que soy un viejo lelo.
Casi siempre me quedo en la vereda de enfrente
Mantengo parte de mis viejas utopías
Duermo tranquilo la mayor parte de las noches
No busco nada más que un lugar
para esconderme contigo.
AGUAFUERTES MONTEVIDEANAS
Es medianoche, el cabaret despierta
Una vez más abre su puerta la ilusión
Las luces van descorriendo el misterio
El tenue velo que oculta la emoción.
Es medianoche, el escenario ya está listo
En tres minutos termina otra función
Verán lugares que no son de esta tierra
Tercos fantasmas saliendo del cajón.
Un astronauta lejos del mar de la infancia
Un torpe equilibrista aprendiendo a perder
Un viejo baile en la Plaza Viejo Pancho
Las rabonas liceales del 76.
El vals de los leprosos que no tienen sitio
Un disco rayado repitiendo yesterday
Solé vibrando en el parlante de la Spika
Una canción que dice lo imposible puede ser.
Es medianoche, la aldea no es la misma
La tele ya no tiene a Curly, Larry y Moe
Abrieron un shopping en el cine del barrio
Donde venden en cuotas la foto de dios.
Es medianoche y los payasos ya se marchan
Quizás mañana el telón vuelva a subir
Trayendo anticuerpos contra la cordura
Que los mediocres obligan a vivir.
E irán pasando las visiones más lejanas
Los últimos pedazos de tu moña azul
Las lágrimas del plebiscito del 80
La foto que falta del balazo de Brum
Una milonga de Dino colgada del ropero
La última copa de Onetti y Díaz Grey
Un taponazo de Ghighia rasgando el aire del tiempo
Aguafuertes montevideanas del ayer.
LA LUNA EN LA COMERCIAL
Se despertó con una frase de ella pudriéndole el pecho
Los restos del alcohol amargando el garguero
Miró el reloj que perdió deben ser como las cuatro y media
La luna en La Comercial lo miraba ahí afuera
Lo miraba ahí.
Se levantó como pudo pensando en el cuarto de ella
Volvió a pasar por su casa, se agarró de la reja
Apuntando las ganas de mear en la puerta de calle
Sintió una risa burlona la vereda de enfrente
La vereda de
De un monedero intentó balbuceando lo siento te quiero de veras
El puño de ella colgando le reventó la oreja
La luna en La Comercial resultó flor de vieja alcahueta
Al otro día temprano chusmeó todo en la feria
Con lujo de detalles contó todo a la
MAYBE
Girando el giro del reloj
Mirando el techo, sola
Rayando el disco del adiós
Seis cifras alguien
Que marcó
Me esperó.
Demoro un rato en atender
Taba ocupada hola
De noche al cine quizás si
Tirando el tiempo
Permitir
Me seducir.
Salir sin ganas de salir
La mueca del espejo
El rouge mintiéndome el perfil.
Magia en París cinemascope
Fanny Ardant qué maestra
El hielo aflojándome el White Horse
Mano paciente
Me buscó
Carició.
Del brazo por el malecón
No hay dudas está muerto
La luna en cómplice papel
Guiñando insinuando a
No sé
A ceder.
Un beso un premio un hasta ahí
Un mimo desde el taxi
Vernos mañana
Puede ser.
Girando el giro del reloj
Mirando el techo, sola.